Manuel Quintín Lame detenido con algunos de sus hombres. Popayán, junio 10 de 1916

di José Javier Capera Figueroa

La historia continúa en medio de sus contradicciones, la ardua necesidad de justicia en una sociedad como la nuestra se convierte en el talón de Aquiles del diario vivir, ahora el sueño de construir la paz es cada vez un reclamo, una necesidad y la consigna que demandan los distintos grupos sociales en Colombia.
Y no es para menos si el peso de la violencia ha permeado los espacios, las realidades y la cotidianidad, pareciera ser que la tierra de macondo estuviera condenada a la estirpe de cien años de olvido, pobreza y exclusión resultado de un proyecto impuesto por los mismos de siempre y con sus distintas estrategias de explotación y dominación sobre los más oprimidos de nuestra época.

Manuel Quintín Lame Chantre
La lucha política del «indio» Manuel Quintín Lame y su proceso de movilización, unidad y resistencia al interior de las comunidades indígenas, lleva consigo el peso contundente de la violencia, el exterminio y la criminalización sistemática, que ha realizado históricamente el Estado frente a los pueblos en sus distintos territorios. A su vez, ha sido reconocido como una figura de unidad, de resistencia y reivindicación, por parte de las organizaciones indígenas en su disputa por concebir un buen vivir entre la naturaleza y el ser humano, una oportunidad por construir la paz desde la cosmovisión de los pueblos, siendo una apuesta alterna por parte de los sectores excluidos de la sociedad colombiana.
En efecto, Manuel Quintín Lame en las últimas décadas se ha convertido en un sujeto de análisis para los distintos campos del conocimiento, por supuesto su trayectoria como líder de las rebeliones, las revueltas y la toma de tierras, ha marcado sin lugar a dudas la importancia del movimiento indígena en el ámbito nacional, luego de 50 años de su muerte sucedida el 7 de octubre de 1967, todavía su historia de vida sigue identificando un sin número de experiencias encaminadas a la defensa por la vida, la tierra, el territorio y la autonomía de los pueblos en su diario vivir en donde la serenidad, la sabiduría y el diálogo de la cosmovisión refleja los saberes de «Moña» como era conocido popularmente en Ortega – Tolima por los habitantes de este pueblo al final de su vida.
De esta manera, la importancia de las luchas del «indio» Quintín han despertado rigurosos trabajos de investigación en su antes y después, luego de transcurrir cincuenta años de poner en el escenario público la emergencia de la primera guerrilla indígena en América Latina como ha sido considerado por algunos analistas. Es la muestra por comprender la complejidad de la violencia, la constitución de la causa indígena y la pertinencia de la construcción de paz desde las regiones como ha sido demostrado por los indígenas Nasa en el Sur del Tolima por más de 21 años, luego de haber firmado un acuerdo con las FARC- EP.

La praxis socio-política del más importante líder indígena del siglo XX, nos permite conocer parte del origen del conflicto armado, siendo la raíz que impulsó a Quintín Lame en su denuncia sobre la concentración de la tierra, la invisibilización del indígena y la violencia contra las comunidades, lo que refleja el repertorio de aquellos tiempos realizados por los sectores hegemónicos. Igualmente, las acciones políticas por parte de las instituciones, las élites, los grupos tradicionales y el gamonalismo sobre los territorios ancestrales, son en la actualidad fenómenos vigentes que responden a las problemáticas del movimiento indígena frente a la institucionalidad.

Así pues, la defensa de los resguardos, el fortalecimiento de los tejidos comunitarios y la organización de las comunidades fue parte del ejercicio político realizado a lo largo de su vida por el «indio» Quintín Lame, el cual sin lugar a dudas, dejó una ruptura profunda destinada a esclarecer la problemática del terraje, el reconocimiento de los derechos indígenas y la consigna por construir un autogobierno que respondiera a las necesidades reales de los pueblos en sus respectivos procesos comunales dentro de los territorios.

El sentido por la defensa de la raza fue un pilar que constituyó la identidad de Quintín Lame, lo que significó una disputa constante contra los grupos hegemónicos, la persecución política y la estigmatización por parte de los terratenientes, hacendatarios y políticos regionales desde el Cauca hasta el Tolima; una gran travesía que los indígenas asumieron como un elemento identitario que le permitió la legitimidad, el respaldo y el afecto por parte de las comunidades en su constante lucha política.

Asimismo, su pensamiento ha sido resignificado por las organizaciones indígenas, como un antecedente para seguir la lógica de la resistencia y la defensa de los territorios por medio de los resguardos y cabildos locales; seguramente la praxis transformativa y liberadora de Quintín Lame, será por muchos años un bastión contrahegemónico, que contribuirá a la reflexión y crítica sobre los sectores tradicionales que han intentado deslegitimar y negar la vigencia de la lucha indígena y su proyecto comunal de construcción de la paz desde los territorios y en función de una sociedad que respire, sienta y conviva en un buen vivir.

Postscriptum: la relevancia del pensamiento del «indio» Quintín Lame ha sido considerado como un campo de gran importancia en el mundo de las ciencias sociales y la investigación crítica, debido a la posibilidad de reconocer la complejidad y las dinámicas de los pueblos indígenas en Colombia, frente a su reivindicación por una sociedad en paz y que respete la autonomía de las comunidades en los territorios, tal como se puede constatar en los siguientes textos:

1) Espinosa, M. (2009). La civilización Montés. La visión india y el trasegar de Manuel Quintín Lame en Colombia. Bogotá: Uniandes. Recuperado de: https://publicacionesfaciso.uniandes.edu.co/sip/data/pdf/La_civilizacion%20montes.pdf

2) Sandoval, E. (2008). La Guardia Indígena Nasa y el arte de la resistencia pacífica. Bogotá: Fundación Hemera. Recuperado de: http://imagobarcelona.org/txts/GUARDIA_INDIGENA_NASA.pdf

3) Cantor, R. V. (2002). Gente muy rebelde: Indígenas, campesinos y protestas agrarias (Vol. 2). Ediciones Pensamiento Crítico. Recuperado de: http://www.lafulminante.com/articulos/30891368-Gente-muy-rebelde-2-Renan-Vega-Cantor.pdf

El trasegar político del “indo” Manuel Quintín Lame ha sido concebido como un referente en la lucha de los movimientos indígenas en América Latina, luego de 50 años cada vez toman más fuerza sus ideas en un escenario politizado, fragmentado y con diversas contradicciones como es claramente la sociedad colombiana, pareciera ser que la “democracia” desde cualquier adjetivo o calificativo demanda mayor atención en su mismo proceso de construcción y futura consolidación.

En efecto, los 50 años de luchas políticas, sociales y culturales ejercidas por Quintín Lame en territorios indígenas despertó inconformismos generalizados por parte de las comunidades en su proyecto de reivindicación y restructuración de lo que han denominado “ nación ” bien lo resalta el Maestro Eduardo Sandoval Forero, cuando señala que parte del conflicto hecho violencia en su largo trayecto histórico responde principalmente a los vacíos que se han construido en cada uno de los escenarios en la tierra de Mancando, es decir, dicha invención de una sociedad moderna (colonial) caracterizada por no contemplar o legitimar realmente los pueblos indígenas, negros, campesinos, mujeres y demás grupos oprimidos de la incierta realidad politica colombiana. Véase: http://viva.org.co/cajavirtual/svc0562/articulo09.html

La praxis trasformativa de aquella época proveniente de las vibraciones políticas del “indio” Quintín Lame, ha tomado fuerza al interior de las dinámicas del Movimiento Indígena Colombino, gran parte de sus organizaciones configuradas en niveles locales y nacionales, han tomado sus banderas de lucha como parte de los programas de resistencia local y de construcción de proyectos alternativos frente a la hidra venenosa del capitalismo extractivista, financiero y crematístico, el cual sin lugar a dudas, se ha caracterizado por el despojo a gran escala de tierras, saberes y tejidos comunitarios sobre los sectores subalternos de nuestra sociedad.

De forma concreta logramos apreciar, en lo descrito por Renán Vega Cantor “cualquier trabajador que se organice sindicalmente, cualquier comunidad indígenaque defienda sus derechos, cualquier comunidad que pida mejores condiciones de infraestructura, serán vistas como reivindicaciones terroristas que deben ser reprimidas y este brazo armado ilegal que el gobierno dice que no existe, sigue operando azuzado por distintos sectores dominantes de este país, tanto políticos como económicos, lo significativo es que esos nuevos grupos paramilitares que son los viejos de siempre que nunca desaparecieron, se están entronizando en regiones de influencia de las FARC antiguamente que quedaron desocupados y que ellos están ocupando ahora y, por lo general, son regiones donde se generan grandes megaproyectos mineros, energéticos, hidroeléctricos y lo que se trata es de respaldar esas inversiones del capital trasnacional para asegurar el libre funcionamiento de la inversión extranjera”. Véase: http://www.pacocol.org/index.php/noticias/economia/1531-en-colombia-se-ejecuta-un-modelo-neoliberal-armado-renan-vega-cantor

De esta manera, la vigencia de lo manifestado por Quintín Lame toma fuerza en esta época, en donde la crisis de la democracia y de representación es cada vez más vigente, la necesidad de superar la fragmentación de una cultura construida sobre la estructura de un Estado violento, mafioso y estigmatizador de las luchas sociales, tal como viene sucediendo en el desarrollo de una politica de extermino y violencia contra los pueblos indígenas que no tiene aires de parar por el momento, a su vez, las fuerzas “oscuras” de los grupos radicalizados y precursores del paramilitarismo, las bandas criminales y las estructuras de instituciones consumidas por la corrupción y la narco–politica muestra el panorama que deben enfrentar por sobrevivir las comunidades indígenas en sus territorios ancestrales. Véase:https://www.elespectador.com/noticias/elmundo/indigenas-y-afrodescendientes-fuera-de-paz-articulo-616932

La rebeldía por antonomasia, emergente del pensamiento de Quintín Lame ha dejado huella, memoria y dignidad hacia los sectores oprimidos de la sociedad, podría pensarse como una semilla liberadora que el movimiento indígena nacional, viene recuperando en el marco de ideas como la defensa de la raza, la vida, la naturaleza, la cultura y sobre todo la identidad del “ser indígena” en un medio de contexto identificado con la criminalización, la estigmatización y la mercantilización de la cultura, los bienes comunales y los senderos de resistencia pacífica, que cada vez el Estado pretende violentar y pasar por encima de la autonomía, la unidad y la organización comunitaria de los pueblos indígenas.

Parte de este fenómeno de lucha constante se refleja en la demanda de las organizaciones indígenas frente al respaldo por la paz, y la construcción de la misma desde los territorios, una gran lección que analiza de forma sencilla pero brillante el Maestro Arturo Escobar (*) en la pasada experiencia de resistencia y/o movilización social proveniente de los pueblos indígenas en el Cauca, pero que es un ejemplo concreto de la recuperación del pensamiento del “indio” Quintín Lame en sus 50 años de luchas: “[La] guerra mediática como se ha llamado en contra de los movimientos en el Norte del Cauca, especialmente en Toribio, tal como se puede constatar frente a los medios de comunicación como son el País, el Tiempo y los noticieros nacionales que son extremadamente conservadores, que solo dan noticias desde la perspectiva de los medios convencionales del poder, del mercado, del Estado, del ejército y de las fuerzas de la violencia, y que desde esa perspectiva claro como sucedido tras haber arrinconado los soldados y el indignarse por las lágrimas del pobre soldadito como lo llamaron, es el resultado de una manipulación emocional que los medios de comunicación hacen a la clase media colombiana, la clase digamos que no sabe y no se ha mantenido informada, en su inmadurez e ignorancia politica como lo tienen la mayoría de los colombianos/as, que no han sabido entender el impresionante valor de las luchas de los pueblos, que en realidad históricamente hablando esta cobertura es errónea, puesto que históricamente, los compañeros/as indígenas, afrodescendientes y campesinos que han sido masacrados, desplazados, acribillados y asesinados de las formas más brutales no solo en los últimos 500 años, sino en los últimos 10, 20 o 30 años, con respecto al proyecto de la muerte que se montó especialmente sobre los gobiernos de Uribe I-II y continúan intensificando el gobierno de Santos, que es un proyecto que sabemos bien muy acomodado a los intereses del gran capital, y no solamente eso, sino que convierte a la clase media colombiana en lo mismo, porque significa seguir con ese modelo del llamado “progreso” y “desarrollo”.

Ya que ahora sabemos que está llevando la muerte, que está llevando acabar con el país y que la burbuja minera y cañera tarde o temprano van a tener que acabar, y que lo que nos queda precisamente de pues de que acaben esas burbujas, habrán sido los territorios que alcanzan a proteger las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes y todos los colombianos/as que seamos consecuentes con la posibilidad de que Colombia fuese un país diferente. Así que me parece que es necesario resistir al chantaje emocional de los medios, del gobierno y del Estado, hay que resistir a sentir compasión por el pobre ejercicito.

Está bien nadie quiere que hayan muertos, los compañeros indígenas y de la minga del tejido y la comunicación, y los que están en resistencia en todo el Norte del Cauca lo han dicho “queremos la vida no queremos la muerte” por eso han dicho que todo los actores armados salgan, me parece que es una estrategia completamente correcta y adecuada para el momento actual Colombiano, que los medios masivos deben parar y deben de pensar siquiera dos veces, el tipo de periodismo amarrillo, acomodado y mentiroso que están haciendo con respecto a lo que está pasando en el Norte del Cauca y el país”. Véase: https://www.youtube.com/watch?v=Z_Yjx-y0n8Y&t=3s

Es el momento por seguir construyendo la paz desde los territorios, ojalá la experiencia histórica, simbólica y cultural del Movimiento Indígena Colombiano, sea parte de la base por pensar una paz integral, decolonial y desde abajo, una manera de poner en diálogo el saber proveniente desde las comunidades, para así seguir construyendo rutas encaminadas por seguir superando las llagas abiertas del conflicto, la memoria sensible del dolor y el sentimiento frustrado del arrepentimiento, que se siente en gran parte de los sectores del país, no obstante, la vitalidad por continuar el legado del “indio” Quintín Lame siempre será una pieza, bandera o razón fundamental apropiada por parte de los oprimidos de nuestra época, por supuesto, esos que reclaman en sus voces un territorio, una nación y un país que hagan peso contundente a todo los tipos de violencia, la cultura paramilitar, mafiosa y corrupta que tanto se vive, se siente y sin lugar a dudas merece una transformación asimilada, respaldada y ejercida por las futuras generaciones del país.

Postscriptum: la necesidad de incorporar los pueblos indígenas a la construcción real de la Justicia Especial para la Paz, debe ser una necesidad sin lugar a dudas, es una lástima ver como se dilatan las bases del proceso de paz, aun cuando, salen a relucir las contradicciones de diferentes partes y lo más complejo se sigue alimentado la cultura de la violencia, la mentira y la zozobra por parte de las élites, las “izquierdas” divididas, la derecha negociando y encubriendo sus errores, y parte de la sociedad civil pendiente de la clasificación de la selección Colombia al mundial, sin dejar a un lado, que baje el precio de la cerveza para las festividades de diciembre.

Nota: 

(*) La entrevista ha sido editada por el autor de la nota, todos los errores son responsabilidad del mismo.

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